Fragmentos de Realidad

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La gente bota gotas al pasar, quizás queriendo olvidar
Siempre quieren alcanzar más allá de lo que sus pies dan
Cansados y removidos de su consciencia, seres de su propia ausencia
Bordes vacíos, espejos de la realidad, viven en su propia comodidad.
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Dejan las calles con manchas de transpiración, 
Cargan sus bolsas en sus manos invisibles
Dirigiéndose hacia el cerro, hacia el cielo y a sus hogares
Pisando los peldaños y a quién esté al lado. 
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Ni siquiera escuchan la canción, 
Pero comentan como si fuera su composición
Vociferantes, inquietantes al pasar, 
Disparan lo que no pueden aguantar.
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Descargar y cargan, adquieren y botan, 
Son una parte más del entramado que nos sostiene
La continuación de un hilo que nos teje
Que nos amarra, nos rodea, nos crea y nos desenreda cuando quiere. 
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Tercio (Escribiendo)

De noche, las casas encamaradas en las pendientes de Valparaíso que se encuentran libres, colorean con pizcas nítidas el ambiente enfriado en el que estaba caminando cuando me iba a encontrar con los chiquillos de teatro.

La subida era empinada pero conocida, y mis latidos se encontraban un tanto acelerados por la cafeína que circulaba por mi sangre.

Íbamos a beber y conversar como si fuera la primera vez que nos veíamos en años.

De manera que mi mirada se encontraba en el suelo y en el cielo buscando algo, a la vez que mis pies subían a paso cada vez más rápido.

Revisé el celular y el mapa y luego de cerciorarme dónde estaba, medité con la mano en la barba y me quité el sueño de encima.

Cruzando hacia las luces de los locales y la música que los acompañaba, me encontré frente a un umbral en el que fui observado.

—Carnet.—

Le acerqué el carnet.

—Ok. Puedes ingresar.—

Sondeé.

Las cabelleras y los perfiles se amontonaban junto a las paredes cerca de la entrada.

En un segundo piso, las ventanas iluminaban mesas esparcidas por aquí y por allá. Los vidrios aplanando manteles rayados. Me saqué el abrigo cuando me acercaba a ellos.

F. y R. conversaban fugazmente.